El arquitecto del bosque: tras el rastro del guardián de anteojos
Se han reportado nuevos avistamientos de osos andinos en zonas rurales de Boyacá. Autoridades ambientales destacan la importancia de conservar y proteger su hábitat.
Algo se mueve entre la niebla de Boyacá, y cada vez deja más huellas. El oso de anteojos (Tremarctos ornatus) aparece con una frecuencia inusual.
Por: Adriana Jiménez
No siempre se le ve, pero cada vez se le siente más cerca. Entre la niebla de los páramos y los caminos rurales de Boyacá, el oso de anteojos, ha comenzado a dejar huellas que ya no pasan desapercibidas.
La Corporación Autónoma Regional de Boyacá (Corpoboyacá) ha confirmado que mantiene activos procesos de monitoreo y seguimiento en corredores estratégicos como el bosque de robles entre Paipa, Duitama y Sotaquirá, así como en el complejo de páramos Tota–Bijagual– Mamapacha. A través de cámaras trampa, la entidad ha logrado captar registros recientes del oso en su hábitat natural, junto con al menos 17 especies adicionales, lo que evidencia la funcionalidad ecológica de estos ecosistemas.
De acuerdo con la corporación, los avistamientos reportados en municipios como Paipa y Labranzagrande han motivado la activación de protocolos de atención y acompañamiento a comunidades rurales. En articulación con las alcaldías locales, se han desarrollado jornadas pedagógicas orientadas a informar a los campesinos sobre el comportamiento del oso andino (Tremarctos ornatus) y las medidas adecuadas para evitar conflictos.

Oso andino captado en zona rural de Boyacá, durante un reciente avistamiento - Foto: Corpoboyacá
Las administraciones municipales, junto con Corporación Autónoma Regional de Boyacá (Corpoboyacá), han priorizado un enfoque de convivencia. En terreno, equipos técnicos han brindado orientación directa a las comunidades, enfatizando en que esta especie no representa una amenaza directa para los humanos y que, en la mayoría de los casos, evita el contacto.
Uno de los datos más relevantes entregados por la autoridad ambiental, indica que cerca del 70% de los ataques reportados a ganado no son atribuibles al oso andino, sino a la presencia de perros ferales. Esta información ha sido clave para reducir la percepción de riesgo frente a la especie y promover estrategias más precisas de manejo.

Zonas avistamientos - Imagen: Corpoboyacá
Como parte de las recomendaciones, la corporación ha impulsado la implementación de medidas preventivas como el uso de cercas eléctricas y dispositivos sonoros, entre ellos campanillas, que permiten disuadir la presencia del animal sin causarle daño. Estas acciones buscan garantizar la protección de los medios de vida rurales sin afectar la conservación de la fauna silvestre.
Finalmente, las autoridades coinciden en que el aumento de avistamientos no solo refleja la presión sobre los ecosistemas, sino también la persistencia de la especie en el territorio. En este contexto, el reto para Boyacá se centra en consolidar estrategias de coexistencia que permitan equilibrar la actividad humana con la conservación del oso andino y su hábitat.