Cuando todo esto pase…

Fecha de Publicación:
Mayo 05 de 2020
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OPINIÓN.

 

Por: Jorge Rodríguez Ávila

 

Esta es una de las frases que más he escuchado en los últimos días, en medio del aislamiento preventivo por el cual estamos pasando, todo por un microscópico virus, que resultó ser más poderoso que cualquier guerra mundial y ha tenido tal repercusión que tiene al mundo entero encerrado en sus casas.

La gente ahora más que nunca se contacta con sus amigos y familiares, anhelando hacer planes que estaban pendientes, o acostumbraban a hacer y ya no pueden.Conversaciones telefónicas, video llamadas por Zoom, FaceTime, Meet, chats, notas de voz, y muchos recursos tecnológicos más han salido a flote, y es que no estamos preparados para distanciarnos de esta forma, menos por tanto tiempo.

Pasamos del trabajo al teletrabajo, del estudio al telestudio, de los grandes shows y conciertos a unas vagas transmisiones en vivo simultáneas. Mucha gente que no tiene la opción de hacer teletrabajo, ni telestudio, ni puede tele-entretenerse con shows en transmisiones en vivo, se están literalmente muriendo de hambre, con la precaria ayuda del gobierno. Hemos sacado lo mejor y lo peor de nosotros.

Todos vivimos una cuarentena distinta con distintas realidades, muchas de ellas muy crueles, y no solo por la falta de alimento, también, por la salud mental.

El aislamiento social puede acentuar la depresión y otras dificultades emocionales de una sociedad golpeada por la violencia cotidiana y dar lugar a una pandemia de problemas mentales, como lo advirtieron algunos expertos en salud: “Hay muchos estudios que indican que luego de una emergencia como la que estamos viviendo, en las sociedades se viene una segunda pandemia, es la pandemia de la salud mental” manifestó a la presidenta de la Asociación Colombiana de Psiquiatría, Astrid Arrieta Molinares.

Se suman a estos aspectos, los que deben afrontar la crisis económica, el desempleo, violencia intrafamiliar, los que realizan procesos de duelo, los que incluso están padeciendo la misma enfermedad, o el personal de salud con altos niveles de trabajo, que en Colombia se agrava porque no se tienen las medidas de bioseguridad y vinculación laboral.

Sin embargo, toda crisis no significa algo negativo, al contrario, crisis es igual a cambio, o por lo menos así lo indica el Diccionario de la Real Academia Española, que la define como “cambio profundo y de consecuencias importantes en un proceso o una situación, o en la manera en que estos son apreciados”. Esta perspectiva, más proactiva y menos alarmista, es la que necesitamos en estos momentos para atenuar ese impacto de los que llegan a padecer alguna crisis mental por estos días.

Se trata de tomar esta situación como crisis y oportunidad al mismo tiempo, muchos han encontrado en estas semanas de aislamiento un espacio de reflexión, aprovechando tiempo en familia, haciendo actividades que hace tiempo no hacían en casa, muchos otros, han tomado decisiones drásticas y se han rapado la cabeza o han cambiado de look para replantear algunos aspectos de sus vidas.

Ha sido un tiempo para cuestionar la manera y la velocidad en la que hemos venido viviendo, para ser conscientes de lo frágiles que somos ante este diminuto enemigo.

La naturaleza ha recobrado su espacio, basta con echar un vistazo a la increíble recuperación de los cielos, la mejora en la calidad del aire de las grandes ciudades donde antes era casi imposible respirar, la hermosa bahía de Santa Marta con asombrosos delfines felices saltando en su balneario y en Cartagena las playas con un exquisito azul turquesa. Los animales han tomado de nuevo su territorio, en Medellín los monos tití han salido a las calles, se han trepado en los postes y edificios, en Bogotá fueron vistos algunos zorros bajando los cerros, también osos, leones y pavos reales han caminado libremente por las calles de España.

Finalmente, nuestro planeta necesitaba un respiro. ¿No? ¿Tendremos la humildad para reconocer que nosotros también? El mundo nos cambió. Muchos se preguntan ¿qué pasará cuando todo esto pase? Vivimos un momento de pausa, e incertidumbre, sin duda, una situación atípica e histórica en el mundo, que aún no asimilamos por completo, y no alcanzamos a imaginar el profundo cambio que viene de ahora en adelante para todos nosotros. Partiendo de lo más cotidiano, según expertos tendrá que pasar mucho tiempo antes de que podamos volver a tener contacto y vida social activa. A partir de ahora no podremos salir a fiestas, a cine, a gimnasios, los encuentros en centros comerciales, las carcajadas en los teatros y la pasión desenfrenada en los estadios esperarán por un buen tiempo, permanecerán extrañamente vacíos, al igual, que los parques serán huérfanos de los niños, los cuales tendrán que ingeniárselas para crecer sin muchas posibilidades que quedarán marcadas en sus vidas.

Lo mismo pasará con los patrones de comportamiento que veníamos teniendo en la vida normal… Y así fue como un día diste el último beso, el último abrazo, la última caricia, el último adiós, sin saber que iba a pasar mucho tiempo. Qué tal sí... esa última vez, hubiesen besado con más pasión, hubiesen dado abrazos más fuertes y sentidos, hubiesen bailado con más intensidad.

Todo cambiará rotundamente, ahora nuestro atuendo por mucho tiempo más será un tapabocas, un gorro o uno guantes de látex, y una distancia perfectamente medida. Si algunos sectores productivos o empresas vuelven al ruedo, serán con estrictas normas, que impidan la cercanía, un saludo de beso, de mano, un abrazo, tomar un café, ahora será a dos metros de distancia el uno del otro. Si las universidades y colegios retornan en algún momento, los estudiantes tendrán que mantener dos puestos de distancia, las muestras de afecto entre amigos serán cosa del pasado, pasarán a emojis que expresen su afecto por WhatsApp.

Muy seguramente esto no sea para siempre, pero si por una buena temporada, este virus llegó para marcar definitivamente nuestras vidas, este tiempo solo me deja claro que “Cuando todo esto pase…” disfrutaremos los simples detalles de la vida que antes no solíamos apreciar, valoraremos aquellos gratos momentos en los que podíamos abrazar, besar, saludar, bailar y compartir, como solo nosotros los colombianos lo sabemos hacer.

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