MI COMANDANTE, ESTA ES LA HISTORIA

Fecha de Publicación:
Marzo 26 de 2019
Categorías:
Comunicación Social
fotografía de un cráneo

Por el año 1967, recorriendo las calles de mi querido pueblo y pensando en lo que sería mi futuro, se me vino a la mente hacerme miembro de la Fuerza Pública, por el ejemplo de mi compañero y amigo el cadete del Ejército Nacional, Mario Puentes.

Por el año 1967 recorriendo las calles de mi querido pueblo y pensando en lo que sería mi futuro, se me vino a la mente hacerme miembro de la fuerza pública, por el ejemplo de mi compañero y amigo Mario Puentes, Cadete del Ejército Nacional. Yo pensé en la Policía Nacional cuya misión, entre muchas otras, es el responder por el mantenimiento de las condiciones necesarias para el ejercicio de los derechos y libertades públicas y para asegurar que los habitantes de Colombia convivan en paz, misión con la que me identificaba y en donde podría servir a mis semejantes.

 

Fue así como un florestano, con espíritu de servicio y después de pasar por muchos momentos difíciles durante el proceso de incorporación, en enero de 1968 por primera vez usaba el uniforme verde oliva de la Policía Nacional de Colombia en la Escuela de Cadetes General Francisco de Paula Santander en la ciudad de Bogotá.

 

Una noche, sentado en círculo junto con mis compañeros en el piso de la Plaza de Armas de la Escuela, nuestro comandante de sección indagaba sobre nuestros nombres, la procedencia y los valores de nuestro pueblo. Para mi fortuna o infortunio fui uno de los primeros que tuve que responder, después de decirle mi nombre simplemente le manifesté que había nacido en el municipio de Floresta en el departamento de Boyacá, un pueblo tranquilo de gente amable y buenas personas.

Él me manifestó: ¿bueno, pero qué valores y cosas importantes tiene su pueblo que lo hagan sentir orgulloso de su tierra? La verdad nunca pensé sobre los valores que adornan a Floresta, su gente y mucho menos en los hechos o tesoros que hoy se pueden mostrar y de los cuales verdaderamente nos sentimos orgullosos. Aunque reconozco que mis respuestas no fueron las más acertadas, ese interrogatorio sobre mi patria chica, marcó mi vida y durante muchos años siempre pensé una y otra vez en buscar los valores de mi tierra y algunos de los hechos relevantes que han ocurrido en su devenir histórico, con el objeto de divulgarlos y darlos a conocer nacional e internacionalmente para que los paisanos se sientan orgullosos de su pasado, presente y futuro, para que se haga realidad la frase que dice el coronel Hildebrando Granados Saavedra: “El conocimiento de la historia nos hace maestros y dignos de mirar hacia el futuro”.

 

Hoy, después del interrogatorio que marcó mi vida y de dedicarme por algunos años a estudiar, tanto las grandes virtudes que tiene el municipio de Floresta, sus riquezas naturales y culturales, como los hechos importantes que han marcado su historia, quisiera encontrar a mi teniente para contarle algunos de los valores que adornan mi localidad, decirle que en sus montañas existen yacimientos fosilíferos de los seres vivos que habitaron la Tierra en el periodo devónico hace 400 millones de años, y que dieron comienzo a la vida en el planeta tierra.

Según el inventario, georeferenciación y valoración del patrimonio arqueológico del municipio de Floresta, provincia del Tundama (grupo de investigaciones en arqueología e historia UPTC) y otros estudios de geología y paleontología aseguran que hace 410 millones de años Floresta era un mar, donde habitaban en su mayoría, numerosas especies de seres vivos y que hoy se encuentran fosilizados.

 

Contarle también que allí hubo una lluvia de meteoritos y que el más grande encontrado en el año de 1810 de 750 kilogramos de peso fue colectado en los suelos de la vereda de Tocavita, a pesar de dos intentos de robo y de cercenamientos, una parte del elemento encontrado dio comienzo al nacimiento del Museo Nacional de Colombia en donde hoy se muestra como el ícono del museo. Allí fue guardado con el nombre de Aerolito de Santa Rosa de Viterbo, (municipio vecino) porque hace 200 años  Floresta hacía parte de dicha población; mientras que la otra parte, según cuenta Luis Becerra, buscador de historias,  fue llevada al extranjero para ser dejado en distintos museos.

 

De igual forma contarle a mi coronel que en el museo “Eliécer Silva Celis” de la ciudad de Sogamoso, reposan cinco cráneos humanos hallados en el año 1943 por el Arqueólogo Eliécer Silva Celis en el municipio de Floresta, Vereda la Puerta, los cuales luego de ser sometidos a diversos estudios y análisis realizados por el PhD. José Vicente Rodríguez, catedrático de la Universidad Nacional de Colombia, aprobados por el laboratorio Beta Analithic en Estados Unidos, se estableció que los restos humanos dan una edad de 8.860 a 8.890 años antes de Cristo, con tan solo 40 años como margen de error, concluyendo que el colombiano más antiguo reportado hasta hoy habitó en Floresta Boyacá, de igual manera los estudios revelan que una lesión presente en la parte parietal izquierda de uno de los cráneos, ocasionada por un ataque con un elemento contundente, sería el principal rastro forense de lo que podría ser el homicidio más antiguo del que se tenga conocimiento.

 

Interesante también comentarle que Floresta tiene una relación importante con la conquista de la Luna. Por los años 50 y antes, las gentes del Municipio de Floresta vivían de una industria próspera y rentable conocida como “la industria del batán” que se desarrollaba en cada casa campesina y en el centro del poblado y consistía en hacer con la lana de oveja, algodón y con la ayuda de un telar artesanal: telas, paños, cobijas, mantas, ruanas, cobertores, sacos, etc.

Dentro de los empresarios que se destacaban en el negocio, se encontraba la señorita María Raquel del Carmen Vivas Rincón oriunda de Floresta, quien trasladó sus telares y su negocio a Usaquén en el norte de Bogotá con el nombre de “Telas Huatay”.  A mediados de los años 60s, la NASA buscaba una tela que fuese resistente al fuego para cubrir el interior de la cabina de la nave espacial Apolo XI en la que viajarían a la Luna los astronautas Neil Armstrong, Edwin Aldrin y Michael Collins, después de muchas indagaciones y pruebas en laboratorios de EE.UU, encontraron en la fábrica de doña Raquel, la tela apropiada para su misión en atención a que la lana de oveja con que estaba hecha, repelía el fuego. Después de un buen negocio y en agradecimiento, ella fue invitada de honor a presenciar el despegue de la Misión Espacial a la Luna, el 16 de julio de 1969. He ahí la relación de Floresta con la conquista del espacio.

 

Platicarle  que gracias a la invitación que me hizo un amigo que me vio interesado en darle trascendencia a los lugares que tuvieran alguna importancia histórica, cultural, turística o científica hoy se conoce El parque de los Estoraques, un sitio turístico de belleza sin igual, ubicado en la vereda de Potrero, municipio de Floresta a cinco minutos de su área urbana, vía al municipio de Busbanzá. Los estoraques por sus formaciones geomorfológicas de varios miles de años, sus exóticos paisajes, su fauna y flora silvestre y por sus figuras fantasmagóricas esculpidas por la erosión, las lluvias y los vientos, se considera como un lugar ideal para quienes gustan de las prácticas de ecoturismo, senderismo, caminatas, la contemplación y el recogimiento. El profesor de geología de la Universidad Nacional de Colombia, Orlando Navas, asegura que este lugar se formó hace 10.000 o 20.000 años.

Los habitantes del lugar han bautizado las figuras esculpidas en los estoraques con nombres muy particulares como, “las Torres Gemelas,” “la Llorona” (mito de la Región Andina) entre otras, las cuales se pueden observar a simple vista. Dentro de la flora del lugar se destaca los musgos conocidos con el nombre de Barba de Viejo, la planta Caña-brava, con la que antiguamente se construían los techos de las casas, los canastos, las jaulas y los fuegos pirotécnicos; igualmente se encuentra el Árbol de Laurel de grandes connotaciones simbólicas dado que en la Antigua Grecia y en el Imperio Romano; emperadores, guerreros, deportistas y poetas eran condecorados con una corona de laurel que representaba el triunfo y la grandeza.

Según el historiador José Manuel Restrepo, el 18 de septiembre de 1819, día en que se celebró el triunfo de la Batalla de Boyacá, en la Plaza Mayor de Bogotá, una hermosa joven colocó una corona de laurel sobre la cabeza del libertador Simón Bolívar como muestra de agradecimiento por la Campaña Libertadora. Hoy sus hojas son muy usadas como condimento culinario, también se conocen por ser curativas de los dolores estomacales y musculares.

La fauna es diversa e impresionante, con un poco de suerte se podrá ver el Búho Blanco sobrevolando majestuosamente el cañón, transportando al visitante a un mundo de embrujo y encantamiento.

 

Podría evidenciar otros valores y otros hechos importantes de Floresta como la historia de nuestro flamante Campeón Mundial de Bolos don Armando Mariño Rocha o la importancia política, cultural y religiosa del poblado indígena de Tobazá en la civilización Muisca (Chibcha) antes de la conquista española, cuando en Tobazá se formaba a los futuros caciques e iracas que comandarían las confederaciones indígenas más importantes de la región como la de Sugamuxi, Tundama o Hunza.

 

El Coronel Granados, con un tono de satisfacción y su mirada rebosante de emoción, nos cuenta que actualmente continúa recolectando datos para la creación de su propio museo. Nos habla de esta iniciativa con notable entusiasmo haciéndonos saber que se trata de una de sus más grandes metas propuestas hasta hoy, esta gran idea nace en el momento en el que se da cuenta que así como él, hay muchos otros habitantes del municipio que no conocen las riquezas de su historia y por tanto no le dan el valor que realmente merece, así que se espera crear una herramienta que pueda ser  fuente de información para las siguientes generaciones y todos los interesados, que además de esto muestre y enaltezca las maravillas del municipio de Floresta, propiciando así, el orgullo de conocer la raíz del lugar que día a día sorprende con sus incomparables tesoros.

 

Toda esta información que me llena de orgullo hoy en día, es lo que quisiera compartir con aquel hombre a quien no le supe contar las maravillas del lugar que me vio crecer.

 

Por: Michael Fernando Becerra R.

        Estudiante de Comunicación Social

 

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