Pandemia: la terapia de choque que merecemos

Fecha de Publicación:
Mayo 06 de 2020
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OPINIÓN.

 

Colombia veía lejos la llegada de una pandemia que atacaba con fuerza el otro lado del mundo, pero el seis de marzo el coronavirus entró por la puerta del aeropuerto El Dorado, y en ese momento la angustia comenzó a apoderarse de los colombianos, día a día los casos de contagios aumentaban, al gobierno le tocó pararse fuerte y tomar medidas de prevención para calmar a los desesperados; todo cambió, colegios y universidades se vieron en la obligación de dar sus clases virtuales, centros comerciales desconectaron sus atracciones, bares apagaron las luces y le bajaron a la música, iglesias cerraron sus puertas y dieron un clic para trasmitir en vivo la palabra de Dios a sus devotos; de la noche a la mañana el caos de las ciudades, simplemente desapareció, se sentía tristeza e incertidumbre en las silenciosas y desoladas calles de Colombia, pero, sobre todo se respiraba miedo, aunque, ¿por qué tanto miedo, si el mundo enfrenta a diario un gran número de temibles enfermedades existentes? Es simple, primero, su rápida propagación y segundo, el covid-19 no distingue religiones, posiciones sociales, ideologías políticas ni razas, desde el Presidente de la República hasta el vendedor ambulante estaban en riesgo de contraer el virus.

Ahora, luego de un mes de confinamiento, la monotonía se ha apoderado de muchos de nosotros, nuestras rutinas cambiaron drásticamente, no se piensa en el día siguiente, solo se vive el momento; tal vez, sin el acostumbrado afán. Hoy, como en los últimos días, los medios de comunicación nos llenan de datos y estadísticas sobre el coronavirus, todo se encierra en cifras, “amanecemos con tantos muertos, se han recuperado tantas personas, este país cuenta con más casos que este, a comparación de aquel estamos mejor…” abrimos los ojos y ahí está el empoderado covid-19, tan radiante, tan hegemónico, como quien tiene el control total y la posibilidad de dominar y doblegar a quien intente combatirlo.

¿Y si un día solo volteamos la mirada y vemos el otro lado de la moneda? Sí, me refiero a ver el lado amable, el lado lindo de este monstruo, pues seguramente lo tiene, darnos cuenta de lo positivo de la situación, pues depende de nosotros tomar una posición frente a esta crisis, permitir al negativismo dar un paso al costado para llevar el tiempo de aislamiento con buena cara y hay motivos, hay cómo, hay con qué, el mundo hoy no solo es tristeza; a veces considero el virus como necesario y merecido para la especie humana, pues mientras los hombres están encerrados, las máquinas en pausa y los motores apagados, los animales salen a tomar posesión de sus hábitats, se sienten libres y a diferencia de nosotros, no tienen miedo, el aire cada vez es más limpio y los ecosistemas menos contaminados.

Es bueno aprovechar esta cuarentena para reflexionar, pero no esa reflexión generada por el choque de sentimientos consecuentes de la angustia, y es pasajera, no, una profunda, una de verdad, donde haya arrepentimiento por el daño causado a personas, a animales, a la naturaleza, para así poder cultivar en cada uno de nosotros el deseo de cambiar, de vivir sin tanto ajetreo, de no dejarnos cegar por el poder, la envidia, el egocentrismo, sino por el contrario, permitirnos conocer el verdadero valor de la vida; podría decir con seguridad que no soy la única quien en este momento extraña una charla con amigas, una clase presencial donde no se necesita de tanto protocolo, unas onces en familia, un abrazo, un baile, un beso, porque la felicidad está ahí, en lo simple pero reconfortante para el corazón.

 

Por: Laura Stephania Maldonado Rocha

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