La hora del tinto con doña Florinda

Fecha de Publicación:
Septiembre 17 de 2020
Categorías:
Comunicación Social
Foto: Radio Nacional de Colombia.

María Florinda Pacheco lleva años llenando de inspiración a muchos paipanos, ya que no solo domina el oficio de hilandería, sino también hace coplas, y ni hablar de sus tintos que se reconocen con solo su olor.

“La ruana y el pañolón hicieron una promesa, que el que venga por aquí, a Paipa, nunca sienta tristeza”

 

Por: Paula Andrea Burgos Monroy.

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 María Florinda Pacheco en la plaza de Paipa haciendo su labor favorita: hilar lana.

 

“Dejé la escuela porque un niño se empecinó conmigo y la profesora me consiguió trabajo”

Nació en la finca de su familia, ubicada en la vereda Pastoreros el 13 de noviembre de 1957. Su padre era José Eustasio Pacheco y su madre Celia Pérez, tuvo 7 hermanos y logró hacer solo medio año de escuela en su vereda. Esto, la llevó a trabajar desde temprana edad en el centro del pueblo, gracias a su profesora que le consiguió ser niñera de 3 niños de una familia; “duré desde los 8 años, me fui de la edad de 16 y llegué a mi casa a casarme”.

“20 años de sufrimiento, donde no conseguía ni para el sustento de mis hijos”

Florinda y su pareja empezaron su noviazgo a la edad de 10 años, se casaron 6 años después y tuvieron 6 hijos, sin embargo, no todo fue color de rosa. “Viví 20 años en el campo, todos llenos de amargura y sufrimiento junto a mi esposo y su familia”. Después de casarse, la pareja se fue a vivir junto a la familia del marido en el área rural del municipio, pero esta salida, que parecía la mejor en ese momento, solo le trajo tristezas a ella, ya que allí la ultrajaban y maltrataban por diferentes motivos. “Era muy joven cuando me casé, me tocó demandarlos.”

“Le pedí a mi Dios que me regalara un lugar donde no tuviera que derramar tantas lágrimas”

“Me le revelé a mi marido y me vine al centro con mis hijos”. En ese momento, su salud mental estaba deteriorada, tantas fueron las dolencias que tuvo que pasar que terminó asistiendo a diferentes clínicas para que le trataran los problemas que le había dejado su vida en aquel lugar lejano. Trabajó duro para poder volver a creer en sí misma, a levantarse de aquella situación, y encontró el trabajo que le ayudaría a salir adelante: vender tintos.

“Me dijeron no sea bobita, no deje su trabajito, usted hace el tinto muy rico”

“Saqué un puesto de bebidas en la concha acústica porque eran bandas en Paipa, ahí se me acercaron unos músicos a pedirme tinto, se lo tomaron y empezaron a decir: mire este tinto está re rico, venga y véndanos otro tintico, y así empecé a vender tintos”. Estas personas maravilladas con el sabor de esta bebida, le pidieron que fuera al ensayo del otro día y les vendiera más, sin embargo, Florinda no tenía nada para llevarles ese pedido, ni sabía cómo porque no conocía los termos en ese tiempo. En ese instante, se presentó un acto de bondad y generosidad, sus clientes del momento reunieron y le dieron para comprar el que se convertiría en su primer termo de tinto. “Fui al otro día y me dijeron que eso estaba muy poquito que no les había alcanzado, así que reunieron de nuevo para que me comprara un termo aún más grande”. Cuando se acabó el Concurso Nacional de Bandas le aconsejaron que no dejará ese negocio, que vendiera de almacén en almacén, y como quien tiene el destino pre escrito, Florinda logró sacar a su familia adelante durante 22 años con su especialidad.

“De mis tintos saqué para comprar mis dos casitas que tengo acá”

Sus hijos no soportaron el estar lejos de su padre, así que le pidieron que lo dejara re vincularse. “Cambió totalmente, así que empezamos a vivir juntos otra vez.” Su relación cambió y también su vida, ya que siguió con su venta de tintos, sin embargo, tuvo que enfrentar algunos miedos primero. “Me daba vergüenza venderlos, me paraba en la puerta de los negocios, pero no ofrecía el tinto, solo me quedaba en la puerta sin decir nada”. Sin embargo, las personas la animaban a que siguiera y les vendiera esa bebida caliente que la acompañaba. “Al principio el vaso valía $300, luego le subimos a $500 y hoy en día lo vendo a $1000.”

“Las personas me ven y me piden fotos, es muy bonito”

El mismo año en que logró trasladarse al centro de Paipa, empezó a hilar lana junto con Empera, una paipana reconocida gracias a este oficio. “Empezamos a participar en concursos de hilanderas, el primer año ella ganó, pero en el segundo fui yo.” Sus victorias no han sido solamente en su municipio, también ha visitado la capital del país y ha logrado el primer lugar allí. “Me invitan a diferentes eventos para representar a la mujer boyacense, me va muy bien, suelo ganar, ya he sido hasta la reina del turismo en Paipa.” Ella se caracteriza por usar el traje típico boyacense en cada evento importante y por ello las personas le reconocen y le piden fotos.

“Es esa persona que, si llamas en la madrugada, no tiene problema en colaborarte en lo que necesites”

“A ella la conozco desde el 2008 por todos los eventos culturales en los que ha participado, es una persona que se caracteriza por su colaboración en la promoción de los eventos en medios de comunicación”, y es que, como lo afirma Heidy Luz Cusaría Rodríguez, periodista del canal Paipa TV, la mayor y mejor característica de Florinda es que no le da miedo hablar con los medios. Las personas que se dedican al mismo oficio que ella, le huyen a las cámaras y los micrófonos, pero ella está decidida a compartir todo lo que tiene que ver con su cultura. “Era la persona que se iba con nosotros a las 2 o 3 de la mañana para Bogotá a hacer una gira de medios para mostrar el arte de hilar la lana y de paso su arte de echar coplas”.

“Ayer pasé por tu casa y no te pude besar, porque estaba el coronavirus y nos podemos infectar.” Sus coplas son el requisito para poder entrar a los concursos, al igual que el baile, sin embargo, se dio cuenta que le apasionaban y las hace por amor a ellas. “A la gente le da pena mostrar que sabe hacer cosas del campo, no debería ser así, debería ser un ejemplo.” Su hijo, Elvis Gabriel Patiño, comentó que esta es una de sus características más relevantes, ya que no puede imaginársela haciendo otra cosa. “Es una berraca porque cualquiera no se presenta en público con sus invenciones, yo no lo haría, me daría pena.”

“Mi mamá me enseñó a hilar, yo le enseñé a mis hijos y ahora a mis nietos”

“En el campo no había otro trabajo, así que mi mamá nos asignaba una tarea a cada uno en el proceso de la hilada”. Florinda tomó esta experiencia y empezó a demostrarle a Boyacá de lo que eran capaces sus manos, así se convirtió en la ganadora reincidente del concurso de hilanderas del Festival de la Ruana y el Pañolón, por eso, este evento le rindió un tributo en su edición virtual del presente año, 2020. Ella se preocupa por la preservación de esta cultura, ya que cuando iniciaron sus participaciones existían al menos unas 96 concursantes, sin embargo, en el último concurso solo habían cinco.

Hoy en día, María Florinda vive junto a su esposo y su hijo mayor, pero logró con su esfuerzo y dedicación conseguir lo que muchos sueñan, pero no alcanzan: una vida feliz. Ella seguirá vendiendo tintos, hilando lana, haciendo coplas y bailando, mientras los que la podemos ver en persona, nos contagiamos de su alegría, de su humildad y nos antojamos de un delicioso tinto.

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