El Sexo de los colores: un acuerdo social para la diversidad

Fecha de Publicación:
Octubre 26 de 2021
Categorías:
Comunicación Social
Diversidad

Un abordaje que busca reconocer la diversidad como un acuerdo social que evita la discriminación frente al uso de los colores como forma de identidad.

 

Por: Alexandra Fernández Rivera

 

El color y sus acuñaciones al sexo o género se refiere a los tratos sociales que existen otorgando un color predefinido para un grupo de individuos que se identifican con este y por esta razón son excluidos. Esto ha sido parte de los estándares relacionados con el género y ha logrado que los colores femeninos sean menos apreciados que los que reciben el valor masculino. Situación a la que nos enfrentamos todos los días en diferentes campos en nuestras vidas: la sociedad, profesional y personal.

Estamos acostumbrados a ver a un bebé envuelto en cobijas de color de acuerdo al sexo y asumir el género de acuerdo a su ropaje. En nuestra vida, la comercialización aprovecha este prejuicio para conectar estos colores a eventos o productos específicos. Un ejemplo muy claro de esta franja es la utilización del tono rosa para las campañas referentes al cáncer de mama, los vestidos de las niñas, entre otros.

Según varias opiniones respecto al tema anterior, se dice que la utilización del tono rosa en un día especial como el 14 de octubre según la OMS, es una acción que si bien, apoya a la campaña, hay otra realidad tras bambalinas, ya que critican la acción porque no ayuda en nada, pues la enfermedad sigue vigente.

Hoy en día, uno de los casos más extraños es sexualizar los colores, muy a menudo se escuchan palabras como "el rosa es para las niñas" "quítale ese mameluco azul porque nació niña" "no le regale muñecas al niño porque no crecerá como varón".

El problema con los códigos de género de color, es que, desde antes del nacimiento, hemos restringido las opciones de los niños sobre lo que pueden elegir y no les permitimos que tomen sus propias decisiones.

 

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Esta situación se traslada a otros aspectos de la vida, al igual que lo que hacen las niñas cuando quieren jugar a los carritos, sentir la adrenalina de un partido de fútbol o practicar artes marciales en lugar de jugar con muñecas o comida. Cuando los padres no son neutrales en color o estereotipos, restringen rápidamente estas actividades porque piensan que estas no son adecuadas para las niñas, sino para los niños.

Por lo tanto, a lo largo de la vida de los niños, padres y maestros,  que educan de acuerdo con las normas de género impuestas en diversos entornos desde niños hasta la vida adulta.

Estas normas no nos permiten darles la libertad de elegir los colores que les gustan y la ropa que quieren, pues se les priva de que se expresen de la forma más óptima según su personalidad, haciendo que con el tiempo recaiga a juzgar lo diferente.

Todos estos tipos de expresiones socioculturales hacen que la ideología de una comunidad o de un territorio recree en ellos un estigma de que los colores hacen parte de un sexo en específico y que si lo usas haces parte de un bando sexualmente equivocado, pero... historiográficamente ¿hemos oído hablar del sexo de los colores? o simplemente es un acuerdo social que no sabemos de dónde viene.

Los artistas Johannes Itten (1888-1967) y Josef Albers (1888-1976), nos dice “la sexualidad del color nace de las emociones que los colores nos transmiten, el blanco por ejemplo nos transmite paz y está comprobado que el color verde ayuda a procesar la sensación del dolor, es por eso que los enfermeros y doctores utilizan batas de tal color y que incluso los hospitales los usan en sus paredes, es así como ayudan a sus pacientes".

Ahora bien, hablar de los colores es también hablar de la expresión y el lenguaje que ellos denotan, por eso es importante analizarse para poder entender el trasfondo de lo que a diario nos rodea, Max Lüscher (1923-2017) plantea la idea del lenguaje de los colores: “Es el lenguaje de los sentimientos y las sensaciones.

Así como en la música cada semitono tiene un efecto claramente perceptible, a cada matiz de color le corresponde una sensación exactamente definible. El lenguaje de los colores representa también los sentimientos y emociones de forma tan rica como la música”.

 

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Recientemente, las nuevas dinámicas y procesos sociales han venido avanzando en esta apertura a los colores. Las empresas han ampliado la gama de colores específicos para hombres, utilizando casi cualquier color en su poder, con el uso de rosas y colores brillantes en productos y anuncios para mujeres.

Poniendo en contexto un experimento realizado por Brown, 2014. En un salón de clase, el maestro debe generalizar que “las niñas hacen bien su trabajo” o que “los niños deben tener cuidado”, así mismo, se les dispone a los niños y niñas documentos idénticos en cuanto a colores y texturas. Se puede inferir que estas técnicas propician un modelo que crea un rol de género definido, así como un ambiente agradable y tranquilo.

Este experimento se repitió con múltiples colores y los resultados fueron siempre los mismos. Esto nos dice que los patrones de color de "niñas" o "niños" se crearon mucho antes de que nuestros cerebros estén completamente desarrollados y podamos pensar en ellos seriamente.

En conclusión, los colores no tienen sexo, ni por acuerdos, sensaciones o gusto, ellos son diversos y hacen la moda especial al igual que cada detalle que contenga color. La expresión nos hace libres y así es que siempre debemos ser y estar.

Se trata entonces de aceptar la diversidad, dejar de juzgar lo diferente y construir nuevas realidades más justas y equitativas para todos y todas.

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