Editorial: Acto Académico de Aniversario

Fecha:
Febrero 19 de 2018
Etiquetas:
Institucional
Acto Académico

Ante la comunidad de la Universidad de Boyacá, el Presidente de esta Institución, pronunció el siguiente discurso, con motivo de la celebración del trigésimo octavo aniversario de fundación.

Quiero que la Universidad siga siendo abanderada de la libertad, de la formación con valores, constructora de sueños y responsable frente a la nueva Colombia en paz.

Por: Osmar Correal Cabral   

         Presidente 

         Universidad de Boyacá

 

Drcorreal

 

Ante la comunidad de la Universidad de Boyacá, el Presidente de esta Institución, pronunció el siguiente discurso, con motivo de la celebración del trigésimo octavo aniversario de fundación.

Apreciados amigos:

Una vez más nos damos cita en este PARANINFO para celebrar hoy el trigésimo octavo aniversario de nuestra Universidad. Hemos querido que esta conmemoración no sea un simple acto académico sino una fiesta familiar, en donde nos encontremos todos para hacer algo realmente importante: revisar el almanaque.

(Lo que yo he observado es que cuando pasan a recibir el reconocimiento por los años de vinculación le dicen al homenajeado: ¿Uy!   ¿Usted ya lleva todos esos años vinculados a la Universidad?  Sí.!  Responden. ¡Como en la canción de Armando Manzanero “parece que fue ayer!! )…..

Eso demuestra que la universidad no es un lugar de paso transitorio, ni es un lugar que abre posibilidades de conseguir un trabajo cualquiera, es una opción de vida, es un camino para dejar huella.  Pienso que muchos en este instante están repasando la historia de su vinculación, y en un momento de evocación y nostalgia están recordando los años que se le han dedicado a este apostolado.  Y, además, todos ustedes han participado en esta construcción colectiva y son testigos de excepción de los grandes logros alcanzados por nuestra institución y han compartido con nosotros todas las alegrías y tristezas. El sencillo reconocimiento que hoy les hacemos es un testimonio de gratitud por su constancia y dedicación.

Hoy también hacemos público reconocimiento a quienes han resultado ganadores en los concursos de investigación y superaron con éxito el juicioso análisis de sus pares y se lucieron en la sustentación de sus trabajos ante los jurados.   A todos, los antiguos y los nuevos, a los galardonados, a los docentes, a los funcionarios, a todos, un agradecimiento por su sentido de pertenencia, su trabajo infatigable, y su aporte al desarrollo de nuestra institución.

He revisado mis archivos y encuentro que en casi todos los discursos que he hecho con ocasión de esta celebración, he venido siendo una especie de notario intelectual, registrando los eventos más significativos del desarrollo de nuestra Universidad, esculcando en el baúl de los recuerdos para encontrar las historias no contadas, y aventurándome a penetrar en lo más profundo de la memoria buscando el origen de mis sueños y de mi vocación educadora.  En esas fantásticas excursiones he encontrado muchos de los hechos y situaciones que han quedado como trazos imborrables de nuestra gesta histórica. Inclusive encontré el viejo ejemplar de mi libreta de apuntes en donde he ido consignando reflexiones en torno a la universidad, sobre su ser y su quehacer académico, sobre los cambios en su ethos, sobre su misión en una realidad tremendamente compleja, sobre los retos que tiene mirando al futuro. Releyendo muchas de sus páginas añosas a veces me pierdo en el dédalo de mis cogitaciones, por los recuerdos de lo realizado y los interrogantes del porvenir, y me asaltan muchas dudas por la incertidumbre que genera ese torbellino de desarrollos científicos y tecnológicos que avasallan la academia y transforman la sociedad.

Es aterrador, por ejemplo, pensar en el crecimiento exponencial de conocimientos, que por su volumen se vuelven inasibles, imposibles de organizar para traducirlos en programas académicos o en proyectos de investigación que sean pertinentes, y que aún no sabemos cuál es la estructura más apropiada ni cual el epistemólogo que nos pueda dar la clave para desenmarañar esa exomemoria y ponerla al alcance de nuestros profesores y estudiantes.

Creo que es válido el ejercicio de proyectar en el tiempo las perspectivas de supervivencia o desarrollo de nuestra institución por la incertidumbre que genera pensar en el futuro, no sé si nos quedaremos al margen de los acontecimientos o nos dejará  el tren de las innovaciones, pero también lo que puede pasar es que desaparezcamos por efecto de las normas e imposiciones que cada vez más nos recortan el pedacito de autonomía que aún   tenemos, y será entonces un esfuerzo fallido, porque los gobernantes y burócratas oficiales no valoran  ni saben los desvelos y trabajos  que ha sido necesario hacer durante décadas para desarrollar una institución como ésta. 

Para entender el sentido de la historia me he impuesto la tarea de comparar los impactos de las revoluciones industriales en los diversos escenarios que se han construido para imaginar el futuro de las universidades, pero ninguno concuerda ya que hay un sinnúmero de factores y circunstancias que hacen imposible esta tarea.

Es indudable el impacto que han tenido las revoluciones industriales en la vida de las universidades, desde cuando en el Siglo XVIII (18) se introdujo la máquina de vapor y se cambiaron los procesos de producción para incorporar la mecanización como un elemento novedoso para mejorar la productividad. El impacto generado por la Primera Revolución Industrial produjo una transformación económica, social y tecnológica. El impacto generado no solo fue en la economía, sino que se produjeron profundos cambios en la sociedad, surgiendo nuevos grupos o clases sociales y moldeando cambios culturales para adaptarse a los nuevos paradigmas. Eso la Universidad lo resintió y rápidamente tuvo que introducir los cambios que le permitieran sobrevivir y empezar a producir los técnicos que el desarrollo económico le demandaban.


La Segunda Revolución Industrial, desde mediados del siglo XIX (19) hasta la Primera Guerra Mundial, estuvo marcada por la aparición de nuevos métodos de producción basados en la utilización intensiva de la electricidad, el desarrollo de la industria química, y el petróleo como nueva fuente de energía, implicó un cambio de mentalidad porque las innovaciones tecnológicas produjeron la primera globalización.  La Universidad no estuvo ausente de esos cambios, porque los resultados de sus investigaciones en ciencias básicas dieron soporte a todas las innovaciones, aprovechando las grandes inversiones en Investigaciones y Desarrollo y los nuevos mecanismos de transferencia tecnológica.

Pero es la aparición del computador que marca significativamente le Tercera Revolución Industrial. Ese invento sintetiza los esfuerzos que se venían haciendo en la microelectrónica, y crea una nueva dimensión en el manejo y acumulación de la información. La universalización de las comunicaciones cambió radicalmente las relaciones económicas y los sistemas de intercambio global.  La inmediatez, la cercanía de los puntos más distantes del planeta, y el manejo a distancia de la robotización, son algunos de los elementos más significativos de esta etapa, que algunos autores han querido llamar a esta etapa como la de la revolución científico-tecnológica o revolución de la inteligencia.

El mundo no había asimilado aún los cambios en el paradigma del conocimiento cuando aparece la Cuarta Revolución Industrial. El haber descifrado la cadena genómica, y haber descubierto la nueva partícula “Boson de Higss” en un colisionador de Hadrones, son hechos que marcan esta nueva etapa en donde se abre la posibilidad de hacer manipulación o ingeniería genética, desarrollar aceleradamente la nanotecnología, la computación cuántica, los sistemas ciberfísicos, las ciberindustrias, hasta llegar a popularizar el internet de las cosas, los vehículos autónomos, etc. que son cambios asombrosos, cuyos desarrollos futuros aún son impredecibles.

En anterior ocasión, hace dos años, escribí algo que quiero reproducir, porque ….(abro comillas)   “Lo que sí es cierto es que la nueva era del conocimiento seguirá con un arrollador crecimiento, y cada vez más será una sociedad digital y tendremos microchips en todas partes, en nuestro cuerpo como controles inteligentes de la salud y hasta en la ropa como climatización personalizada, sensores inalámbricos por doquier y ya no habrá suficiente capacidad en las nubes computacionales para guardar nuestra información ni secreto alguno por la capacidad tecnológica de las grandes potencias. Nos tocará aprender a navegar por la blogosfera con la temática más variada, a combinar todos los recursos tecnológicos de comunicación y almacenamiento de información, para no depender tanto de Google que hoy es el que todo lo sabe.  

Para entonces, los “nativos digitales” ocuparán todos los espacios y seguramente, la nueva Universidad Click se parecerá muy poco a la actual como lo muestran las tendencias:  tendremos bibliotecas virtuales, libros electrónicos, lectoras de chips o de huellas digitales por todas partes, impresoras 3D y 4D en donde podremos hacer todas las maquetas de arquitectura, los repuestos de muchos de nuestros equipos, piezas metálicas o anatómicas para implantes.  Nos tocará afiliarnos a los movimientos de “datos abiertos” (open data) para tener acceso libre a toda la información que circula por el ciberespacio para contrarrestar la voracidad de los proveedores de programas que cada vez imponen precios inalcanzables. A lo mejor los títulos profesionales van a tener fechas de expiración como hoy lo tienen todos los alimentos y medicamentos, y en las entrevistas en inglés para un nuevo trabajo ya no les preguntarán en que Universidad se graduó, sino qué es capaz de hacer.” (Hasta aquí la reproducción del texto de mi anterior discurso). 

Lo grave de esta realidad es que cada vez más los estudiantes, enchufados o absortos en sus computadores, pierden la capacidad de pensar y de hacer razonamientos analíticos y abstracciones coherentes.

Las Universidades de todas las latitudes, han sido golpeadas por el desarrollo de los acontecimientos, aunque hayan participado con sus investigaciones en muchos de esos adelantos científicos y tecnológicos.  Por eso han tenido que modificar sus esquemas académicos para darle cabida a los nuevos conocimientos, han tenido que desagregar carreras tradicionales para atender la demanda en campos específicos (caso de las ingenierías), o integrar conocimientos de diversas áreas para las nuevas profesiones (como la mecatrónica).   Ha sido necesario replantear una nueva estrategia frente a la complejidad para incluir competencias transversales en los planes de estudio, abrirle espacio a la meta cognición para integrar los nuevos conocimientos con las nuevas destrezas y aptitudes que son necesarias para resolver problemas en un contexto universal, adquirir y familiarizar a los estudiantes con nuevas tecnologías, y si la decisión es prepararlos para la vida,  como lo hemos declarado en nuestro Modelo Pedagógico, hacer mucho más énfasis en el desarrollo de la creatividad y estimular el aprendizaje autónomo.

En ese sentido el Ex - Rector de la Universidad Nacional de Colombia, mi Alma Mater, que justamente está hoy celebrando sus primeros 150 años, Moisés Wasserman, hace unos días, ante la pregunta que le hicieron sobre qué se debe enseñar dentro de cuarenta años respondió que “lo pertinente es ofrecer muchas opciones, educar bien en lo básico y estimular la imaginación, la discusión la experimentación y la crítica. De ahí surgirán por añadidura las nuevas ingenierías, … y otras disciplinas y profesiones, algunas que ni existen ni imaginamos hoy”.

Lo que sí ha cobrado una nueva dimensión es la transdiciplinariedad porque se hace necesario que haya un diálogo de saberes, y porque el abordaje del conocimiento tiene que hacerse con una nueva lógica que debe ser omnicomprensiva. El Profesor Basarab Nicolescu en su “Manifiesto de la Transdiciplinariedad” plantea que la verdadera revolución de la inteligencia es buscar y tender pasarelas entre los diferentes campos del conocimiento y entre los diferentes seres que componen una colectividad. Para ello se requiere un nuevo tipo de inteligencia fundada en el equilibrio entre la inteligencia analítica, los sentimientos y el cuerpo. Para él, la complejidad se nutre de la explosión de la investigación disciplinaria y a la vez la complejidad determina la aceleración de la multiplicación de las disciplinas. Aquí se aproxima a Morin cuando considera que el mundo es una entidad en donde todo se encuentra entrelazado y en donde es necesario conocer la condición humana y la identidad terrenal.

Como nadie puede predecir el futuro, en medio de tanta complejidad, al menos un soñador como yo, puede atreverse a hacer una manifestación de los deseos para esta Universidad.

Porque dentro de los próximos 50 años quisiera ver en la Universidad de Boyacá:

La curiosidad como bandera y la investigación como estandarte

Que haya salones repletos de preguntas y respuestas inteligentes

Que se ensayen nuevos métodos para resolver dudas

Que las dudas generen nuevos saberes

Que la incertidumbre sea un factor de cambio

Que la esperanza sea el aliento permanente del trabajo académico

Que se desarrollen proyectos creativos a partir de ideas brillantes

Que se destierre el pesimismo y la mediocridad

Que la tenacidad sea una actitud de los triunfadores

Que haya innovación disruptiva en muchas de las actividades universitarias 

Que los profesores y estudiantes traduzcan la creatividad, el sentido crítico, la responsabilidad y la capacidad investigativa en un formidable trabajo académico que tenga repercusiones perdurables.

Que nuestras investigaciones tengan como resultado productos tangibles y se obtengan muchas patentes comercializables.

En fin, quiero ver una Universidad sintonizada con las urgencias de la sociedad y previsiva de los cambios que deben hacerse para afrontar los nuevos tiempos. 

Quiero que la Universidad siga siendo abanderada de la libertad, de la formación con valores, constructora de sueños y responsable frente a la nueva Colombia en paz.

Para dejar huella ese será nuestro legado.  Dentro de 50 años ya la historia empezará a dar su veredicto.

Los nuevos retos son grandes, pero estoy seguro que con un grupo humano tan comprometido como el que hoy tenemos podremos afrontarlos.

Además, tendremos que contribuir en muchas formas a esa gran tarea que tiene Colombia: superar el odio y la violencia para reconciliarnos, sin resentimientos y con un corazón generoso, porque tal como lo dijo nuestro Papa Francisco, los jóvenes “no se van a dejar robar la alegría ni la esperanza”.

Muchas gracias.

 

Compartir