Jueves Octubre 23 , 2014

Mujeres en la historia de Colombia

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La doctora Rosita Cuervo Payeras, rectora de la Universidad de Boyacá, evocó, durante el discurso de apertura del coloquio sobre liderazgo femenino, a las mujeres que han contribuido con la libertad y la justicia social.

Bienvenidas mujeres de Colombia...Saludemos también a los hombres que hoy nos acompañan.

Con ocasión del Bicentenario de la Independencia un grupo de damas de Tunja y Boyacá hemos promovido este encuentro que pretende destacar el papel de la mujer a lo largo de la historia de Colombia. 

Por ser el primer encuentro, el temario es muy amplio con el fin de incluir diversos aspectos,  desde la larga lucha por los derechos de la mujer hasta las más exitosas realizaciones en donde ellas han venido dejando su huella perdurable, en el campo de la política, en la educación, en la literatura, en la ecología, en las fuerzas militares y en la fuerza pública, en la labor social.  Mujeres Pioneras y mujeres líderes que nos darán el testimonio de su esfuerzo.

Mujeres de ahora y mujeres del mundo antiguo. Mujeres altivas y guerreras. Mujeres que se atrevieron a hablar reclamando sus derechos,  que clamaron con entereza por la dignidad de sus pueblos, mujeres que se esforzaron para no claudicar ante la adversidad o la incomprensión.  Mujeres que desde siempre han sido y seguirán siendo el centro de la familia y la sociedad.  Mujeres que se han ganado puestos de honor y privilegio impulsadas por sus méritos, su abnegación y su patriotismo. Mujeres que llegaron a las altas posiciones del Estado, las que nos representaron en el Congreso, las que lograron vencer tradicionalismos institucionales, las empresarias, las maestras que con inmenso amor y pocos recursos siguen modelando la mente de las nuevas generaciones.  

En este momento desfilan por mi memoria una larga lista de heroínas,  cuyas imágenes han sido rescatadas del olvido, aquellas que figuraron en  primer plano, que  luchando por un ideal ofrendaron sus vidas por la patria.  Pero también pienso en aquellas que nunca hemos reconocido, todas aquellas aguerridas mujeres, sin nombre, que no quedaron en la foto de la historia.  Las que siguieron como esposas o amantes a las tropas libertadoras,  las que fueron estafetas o auxiliadoras clandestinas, las celebres “Juanas” de la Guerra de los Mil Días, las que preparaban alimentos y cosían la ropa hecha girones en los campos de batalla,  o las que se quedaban en sus ranchos orando por la suerte de su bien amado y cuidando los frutos del amor, los combatientes del futuro. 

Las mujeres que a través del tiempo han luchado por sus ideales, las que en largas peregrinaciones en busca de la tierra prometida se asentaron en valles y colinas para fundar caseríos, devenidos pueblos con el transcurrir del tiempo, las que se atrevieron a desafiar a sociedades machistas o a gobiernos arbitrarios o indolentes,  las excluidas de siempre, las luchadoras obreras y campesinas, las que lucharon para que fueran consideradas como ciudadanas con capacidad para elegir y ser elegidas, las que vieron frustradas sus esperanzas cuando la provincia de Vélez estableció el voto femenino en 1853 y lo derogaron en 1857, o cuando se aprobó por Acto Legislativo del 25 de Agosto de 1954 y solo lo pudieron ejercer hasta 1957, en fin, las que siempre han luchado por la libertad y la justicia.  Las que un domingo de Octubre de 1811 salieron alborozadas a acompañar a los votantes para elegir representantes de esta pequeña República de Tunja al Congreso de las Provincias Unidas, las que rechazaron el Centralismo de Bogotá y abogaron por un federalismo que le diera vida y respiro a las provincias, en fin las que han sufrido la aplicación ortodoxa de una cultura católica, confesional y moralista, impuesta por los conquistadores, adelantados y virreyes, que las redujo a ser simples servidoras del hombre,  privadas de libertades y derechos.

Han sido largas las luchas por la igualdad de géneros.  Pero también han sido grandes los avances y conquistas. Rescato de todos esos recuerdos la obtención del derecho a la libre disposición de sus bienes, las capitulaciones matrimoniales y el acceso de la mujer a la educación secundaria, aprobados durante la Presidencia de un boyacense, el  ilustre guatecano Enrique Olaya Herrera. A pesar de todos los logros alcanzados, nos duele que la pobreza  y todas las violencias, incluida la violencia intrafamiliar,  que se hayan ensañado con las mujeres de la patria.  Cómo contribuir a erradicar este flagelo es tarea que nos corresponde realizar en los próximos años, para que esta “mitad invisible”, o mejor esta mayoría numérica de la sociedad,  se haga presente en todas las actividades ciudadanas  y pueda lograrse la armonía y comprensión que requieren las mujeres.

Todas ellas, las de ahora y las de siempre, las inolvidables y las desconocidas,  están en nuestra memoria y estarán aquí presentes  en los diferentes  eventos de este encuentro.  Será un momento luminoso para reencontrarnos, para rendir homenaje a las más destacadas, para trazar un camino y una agenda para recorrer la ruta del bicentenario.

Quiero destacar y hacer un público reconocimiento a las entidades que nos han brindado su apoyo: la Gobernación de Boyacá, la Academia Boyacense de Historia, la Organización de Mujeres de Boyacá, el Banco de la República, , la Lotería de Boyacá,  la Alianza Interinstitucional Ruta del Bicentenario, la Mesa Redonda Panamericana, la Corporación de Amor a Tunja, el Consejo Departamental de Educación Superior (CODES), y a la Empresa Buhos Editores.

Un especial agradecimiento a todos los comunicadores sociales y periodistas por su invaluable colaboración y acompañamiento.

Reitero a los organizadores, a las damas ponentes, a todos los asistentes, a los delegados del Gobierno departamental y municipal, a los académicos, a los docentes y estudiantes, mi más cordial saludo de bienvenida a esta casa de estudios.

Mil gracias.
Tunja, marzo 17 de 2011

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